La semana pasada os ofrecíamos la primera parte del artículo de Alejandro Hermo en el que nos hablaba de la experiencia de cursar un master en el INSEAD. Ahora os dejamos con la segunda parte, en la que reflexiona sobre lo que supone finalizar un master con distinción “top 10%”, mérito que él ha obtenido.
Volviendo al tema académico, los compañeros del Café Alumni me han hecho reflexionar acerca de qué supone haber conseguido graduarme en el top 10%. Tras haberlo meditado, me he dado cuenta de que para mí supuso la confirmación de dos cosas. Primero, los españoles no tenemos nada que envidiar a otras nacionalidades a pesar de cierto complejo inicial de inferioridad; y segundo, con esfuerzo se puede conseguir cualquier meta que te propongas.
En el plano personal, estar en el top 10% fue el reconocimiento al esfuerzo y energía que invertí durante estos meses, así como a las horas de sueño que nunca recuperaré. Además, me sirvió de motivación para seguir concentrado durante el tramo final. Una vez que llegas al top 10% lo difícil es mantenerse ahí, ya que cada vez es más difícil centrarse porque tiendes a enfocarte en otras actividades como la búsqueda de trabajo, viajar o las muy variadas actividades de ocio.
En el plano profesional, graduarte en el top 10% no te garantiza una oferta de trabajo, pero te asegura algunas veces el obtener entrevistas con determinadas compañías. Sin duda es algo que los recruiters valoran, ya que refleja no sólo habilidades y conocimientos, sino también capacidad de esfuerzo y compromiso.
Cuando me paro a pensar qué es lo que habré hecho distinto de los demás para conseguir estar ahí arriba siempre encuentro la respuesta en mis dos de mis experiencias previas: carrera y experiencia laboral. Primero, estudiando la carrera adquirí la disciplina necesaria para estudiar todos los días y llevar al día todas las tareas. Esto suena fácil, pero puedo garantizar que no lo es en un entorno donde estás rodeado de gente con ganas de pasarlo bien a cualquier hora y donde todos los días tienes la tentación de dejar para mañana las tareas. Adicionalmente, estudiar ingeniería también me dotó de una muy sólida base numérica que es esencial en muchas de las asignaturas y que facilita mucho la vida. Segundo, mi anterior experiencia en consultoría me enseñó a trabajar con mucha intensidad, con plazos de tiempo muy ajustados, en un entorno donde el ser organizado era vital. Creo que el MBA refleja con bastante fidelidad este tipo de vida, por lo que puedo decir que mi experiencia laboral fue esencial para encontrarme a gusto este entorno.
Evidentemente, con esto no quiero decir que si no se es ingeniero y consultor no se puede estar en el top 10%, sino que hay ciertas habilidades esenciales para tener éxito en el MBA, y que en mi caso personal tuve la suerte de adquirir a través de mi experiencia académica y laboral. Estoy completamente convencido de que cualquier persona que está admitida en cualquier top MBA tiene potencialmente esas cualidades, por lo que estar arriba o no simplemente es una cuestión de esforzarse y dejarlas fluir.
Animo desde aquí a todos los españoles que están estudiando en el extranjero a demostrar todo lo que valemos y que no tenemos nada que envidiar a otras nacionalidades en el campo académico (ni por supuesto en ningún otro). ¡Mucha suerte a todos!

