Yván Lledó-Ferrer es Licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas. Comenzó su doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid y, posteriormente, se trasladó a Alemania para realizar su tesis doctoral titulada “Funciones de la comunicación olfativa en Saguinus fuscicollis en libertad”. Para poder profundizar sobre este tema, permaneció en la selva amazónica durante trece meses observando las conductas de esta especie de mono. Fruto de esa experiencia nació su libro de viajes “Entre trópicos y lugares comunes”, que espera publicar este mismo año. Nuestro becario ha recopilado pequeños pasajes de su libro para explicarnos en Café Alumni cómo era su vida durante su estancia en la selva.
¿Pero quién me mandaría a mí meterme en esto? Es una pregunta que debería asaltar a cualquier ser sensato que se embarque en “esto”. “Esto” es hacer las maletas para estudiar durante un año cierta especie de mono de nombre impronunciable, Saguinus fuscicollis, en medio de la selva amazónica. (…) ¿Por qué alguien en su sano juicio abandonaría las comodidades de un piso con piscina en Madrid para meterse en plena selva? Hay que reconocer que la pregunta es buena. (…)
La Estación Biológica Quebrada Blanco se encuentra en mitad de la selva amazónica, lo que plantea el problema del acceso. A vuelo de pájaro, nos separan unos 100 km de la ciudad de Iquitos, en Perú. Pero las distancias aquí no se miden en kilómetros. Esta estación pertenece al Centro Alemán de Primates (Deutsches Primatenzentrum), institución en la que realizo mi tesis doctoral. (…)
Primero cogemos un barco más grande durante 10 horas de larga travesía por el Amazonas y luego por el Tahuayo. Pasamos la noche en casa de los padres de nuestros asistentes y, a la mañana siguiente, subimos en una chalupa para alcanzar la estación.
Nos ponemos en marcha con el peque-peque, que es un tipo de motor extremadamente ruidoso y lento que, además, hace que todo vibre. Pero antes de vivir esta nueva experiencia, hay que cargar equipajes, víveres y demás para llegar hasta la estación. El trayecto, a pie y sin carga, a través de la selva es de 3 ó 4 horas, por lo que no nos separan más de 10 km en línea recta. Lamentablemente, el río Blanco (hemos dejado atrás el Amazonas hace tiempo) da vueltas y más vueltas, y el trayecto será de un par de horas. Los equipajes ocupan casi todo el espacio disponible, y cada cual se acomoda como puede. Aquí sí que navegamos en medio de la selva, como en las películas. En época de lluvias, el nivel del agua permite cruzar a través del bosque en línea recta, en lugar de seguir las perezosas curvas del cauce. Eso sí, hay que vigilar que haya bastante tirante de agua para poder pasar. Navegar entre los árboles tiene el aroma poético de lo imposible. (…)
Desde el puerto hay que andar 20 minutos con el equipaje a cuestas hasta llegar a la estación, seguir una senda por el bosque, subiendo y bajando lomas, por barrizales, y saltar sobre algunos troncos caídos. De repente surgen, en un claro del bosque, dos casas de estilo amazónico. Es una plataforma de madera, a unos 50 cm del suelo, sin paredes y con el techo de hojas. Es la estación. Algunos detalles delatan que se trata de una estación científica y no de casas habitadas por nativos. (…)
La estación se compone de dos casas de puro estilo amazónico; sólo se distingue de cualquier otra casa de la región por pequeños lujos como la mosquitera que hace de pared y un par de paneles solares. Las dos casas son diáfanas, por lo que la intimidad se reduce a lo imprescindible. (…)
El día comienza en torno a las 5 de la mañana, cuando la oscuridad es total. Antes de las 6 hay que estar ya bajo el árbol en el que los monos han pasado la noche, antes de que el grupo salga. Para llegar allí, hay que andar en la oscuridad hasta dar con el famoso árbol, lo que no supone ningún problema para los asistentes. Nosotros, sin embargo, necesitamos entrenamiento para avanzar a esa velocidad sin tropezar con troncos, ramas etc., y llegar al lugar indicado. En esas penumbras, nunca se sabe exactamente dónde se pone el pie y, por suerte, nunca hasta ahora hemos tropezado con nada que no fuera vegetal. (…)
Una vez a los pies del árbol, comienza un día como todos los demás. El grupo de monos sale del árbol a más de 20 metros de altura, y hay que seguirlo en la penumbra hasta que aclare y, finalmente, hasta que se retire de nuevo a dormir, 9 ó 10 horas después, casi siempre en un árbol distinto. Durante ese tiempo, se suda, se adentra uno por lugares imposibles, se cruzan ríos, se saltan troncos, se atraviesan barrizales… y last but not least, se toman apuntes sobre el comportamiento de los monos.
La densidad de la selva es tal que a 5 metros ya es difícil distinguir a un ser humano. En esas condiciones, ver, distinguir, identificar y reconocer a unos monos de 400 gr y color marrón se convierte en una hazaña. Y todavía tenemos la suerte de que estos monos están acostumbrados a la presencia humana y no se esconden (o quizá sí, y disfrutan escondiéndose para hacer nuestro trabajo más difícil…). (…)
Yo he venido a esta parte del mundo a estudiar la comunicación olfativa. Estos monos se comunican con olores, pero no sabemos exactamente qué se “dicen” con ellos. Así que aquí estoy. Hace 20 años, se publicaba sencillamente cuál era la composición del grupo: tantas hembras, tantos machos, y poco más, porque no se sabía ni eso. Hoy, podemos usar GPS y realizar análisis hormonales y genéticos, además de aplicar estadísticas multivaridas o probabilidades transicionales para el estudio de la conducta de estos monos. (…)
Tenemos dos especies de calitrícidos en esa zona de la selva: el pichico común (Saguinus fuscicollis), y el de barba blanca (Saguinus mystax). Viven juntos pero no revueltos, es decir que pasan el 80% del tiempo juntos, pero a diferentes alturas del bosque. Y se ignoran los unos a los otros. A veces los infantiles de cada especie se juntan para jugar, pero es poco frecuente. Pero el caso es que yo estoy aquí para resolver uno de esos misterios del mundo natural que no le quitan el sueño a nadie, pero no dejan de ser preguntas sin responder. Estas especies de monos se comunican por olores, marcando con unas glándulas especializadas sobre las ramas, y no se sabe qué función pueden tener esos marcajes. En realidad hay una infinidad de aspectos de estos primates que no se conocen con exactitud: por qué colabora todo el grupo en el cuidado de las crías, cuáles son las distintas estrategias reproductivas en función de las clases de edad, por qué se forman grupos mixtos con la otra especie, cómo dirigen sus movimientos por la selva, o cómo se producen las migraciones entre grupos, por citar sólo un par de cosas. Y eso a pesar de que llevan más de 20 años en estudio y cuándo se comenzó no se sabía absolutamente nada de ellos. Igual que hoy en día se desconocen por completo decenas de especies, de las que sólo se tiene información (y parcial) de su distribución geográfica y nada más. Pero volviendo a la comunicación olfativa, mi trabajo consistía en marcar en el GPS cada vez que un mono marcaba, así como su identidad (hay que reconocerlos individualmente), la secuencia de marcajes que utiliza, y lo que ocurre después: si alguien huele el marcaje, etc. Además, hay que apuntar cada vez que comen en un árbol, localizarlo en el GPS, medir su circunferencia… Como todas las ramas de todos los árboles no forman más que una maraña a 20 metros de nuestras cabezas, localizar el tronco propietario de esa rama no tiene nada de fácil. Así que hay que estar siempre pendientes de lo que hacen los monos porque, aunque no estén haciendo nada relevante, pueden empezar a hacerlo en cualquier momento. Además, cada 15 minutos suena un reloj que nos recuerda que hay que hacer un muestreo de barrido (scan) y apuntar cuántos individuos están visibles para realizar luego correcciones sobre los datos. (…)
Un año en la selva es mucho más tiempo que en cualquier otro lugar. La percepción del tiempo al menos lo es. La tierra gira mucho más lentamente en estos trópicos. Todos los días se parecen los unos a los otros. Es el reino de la monotonía. El trabajo del primatólogo en estas condiciones no escapa a la regla. Los monos marcan la rutina, te obligan a seguir su ritmo, frenético en algunas ocasiones; lento, tedioso, desesperante la mayoría de las veces.



Hola,
Me parece muy, pero que muy interesante tu relato. Como he recorrido y habitado unos días esa parte de la selva amazónica, me has hecho revivir momentos increíbles, imposibles de reproducir, pero tú lo cuentas con tanta naturalidad como la permanencia a lo largo de tantos meses te permite. Para ti ha sido el día a día de…13 meses…¡qué experiencia!…hemos de ponernos de acuerdo porque expongo mi pintura en mayo en Madrid, en un Espacio cuyo director estaría entusiasmado de oírte y ofrecerte una plataforma para que otros te escuchásemos y pudiéramos dialogar y comentar esa experiencia contigo.
Ya me dirás cuándo vuelves a instalarte en los madriles.
Un abrazo,
Asunción
Tu padre acaba de darme la noticia y me ha llenado de alegría. Casi todo trabajo bien hecho tiene su recompensa… Me entusiasma tu experiencia y espero tener la dicha de leer detenidamente tu trabajo.
Yván, muchas felicitaciones y suerte en la vida.
Un amigo,
Marcelino González Pardo