Cada dos años, la Universidad de Harvard organiza una serie de conferencias en honor de Charles Eliot Norton, el primer profesor de historia del arte que tuvo la que es la institución de educación superior más antigua de los Estados Unidos, fundada en 1636.
C.C. Stillman, quien se había graduado de Harvard en 1898, hizo una donación para que se constituyera la cátedra de poesía “Charles Eliot Norton”, pero con el deseo expreso de que el término “poesía” se entendiese en el sentido más amplio, abarcando también la expresión poética que se puede encontrar no sólo en el verso, sino en la música o en las bellas artes. Algunos de los personajes destacados que han impartido las Norton Lectures desde que el clasicista Gilbert Murray las inaugurara en el curso 1926-1927 son T.S. Eliot, Ewin Panofsky, Jorge Guillén, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Leonard Bernstein, Italo Calvino, Umberto Eco, Nadine Gordimer, George Steiner o Daniel Barenboim.
Como se puede ver a simple vista en esta nómina de intelectuales y artistas, el término “poesía” se ha entendido de una manera verdaderamente amplia, porque quizás sea el único modo de hacerle justicia. Hay tanta poesía en los versos de T.S. Eliot o de Octavio Paz como en la finura del criticismo literario de Steiner, en la música de Bernstein o en la agudeza de Umberto Eco.
En 2009, las Norton Lectures han estado a cargo de Orhan Pamuk (Estambul, 1952), reconocido escritor turco, galardonado con el premio Nobel de Literatura en 2006, y autor de obras como “El Astrólogo y el Sultán” (1985) o “Me llaman Rojo” (1998). Se trata, por tanto, de un novelista, y además de un novelista comprometido con la recuperación de la memoria histórica de su país, que sufrió una persecución pública y fue llevado a juicio en 2004 por reconocer el asesinato, auténtico genocidio, de más de un millón de armenios por parte de los otomanos en 1915, así como de los miles de kurdos que padecieron una suerte similar. Pamuk recibió el apoyo de importantes escritores como José Saramago, Gabriel García Márquez, Günter Grass o Umberto Eco, frente a quienes le acusaban de difamar la identidad turca.
Las Norton Lectures tienen lugar en un escenario excepcional, el Sanders Theatre de Harvard, y he de reconocer que resulta inspirador sentarse en sus butacas y pensar en la pléyade de figuras ilustres de las artes y las ciencias que allí han hablado.
Pamuk ha realizado consideraciones sumamente interesantes sobre la naturaleza de la novela. Citando frecuente Ana Karenina (su favorita), Pamuk ha exhortado al público a buscar en cada novela un centro que se pueda proyectar al mundo. Algunas novelas se centran en lo que Pamuk llama “imaginación verbal”, mientras que otras están principalmente destinadas a apelar a la “imaginación visual”. Leer tiene que cambiarnos, porque no podemos permanecer indiferentes ante el arte. Decía Dostoyevski que con frecuencia tememos lo que leemos porque nos resulta profundo, y nos estremece. En toda buena novela siempre podemos identificar un núcleo de significado que guarda relación con alguna faceta de la vida.
Creo que lo más notable de un acontecimiento como las Norton Lectures no se limita a la sabiduría transmitida por el conferenciante. ¡Cómo no aprender de un Pamuk o de un Borges! Lo más extraordinario es que esa enseñanza se recibe directamente. Es el propio creador, el propio artista, aquél cuyo nombre ha pasado a las enciclopedias y es ya parte del patrimonio universal de la cultura humana, quien da la lección magistral. Supone un auténtico privilegio poder escuchar a eminencias del mundo del arte y de las humanidades que además muestran, como Pamuk, una enorme sencillez y una gran facilidad para empatizar con su audiencia. La humildad es sin duda la característica distintiva de estas grandes mentes.

