Ciencia en Dresde – experiencias de una doctoranda en Alemania del Este

Elena Quedasa en la nieveElena Quesada, Licenciada en Ciencias Ambientales y becaria de postgrado de la Fundación en la pasada convocatoria, nos ha enviado un texto en el que nos explica por qué decidió estudiar un doctorado en Dresde. Además de presentarnos la ciudad, esta sevillana nos cuenta en qué consiste la investigación que está llevando a cabo en el Max Planck Institute of Molecular Cell Biology and Genetics y nos resume sus experiencias y sensaciones a lo largo de todo este año en la localidad teutona.

Pasar una temporada larga en el extranjero era algo que tenía muy claro que quería hacer desde hace mucho tiempo. Alemania y mi doctorado se presentaban como candidata y razón claros. Desde muy pequeña he viajado a este país, pues estudié alemán en el colegio y mis padres nos mandaban a mi hermana y a mí de intercambio casi cada verano. Vivir en Alemania es -lo comprobé casi de inmediato- muy fácil. Por eso también hice mi año de Erasmus en el norte, en Hamburgo. Eso y la investigación que llevé a cabo en el EMBL (European Molecular Biology Laboratory) de esa ciudad acabaron por convencerme. Al solicitar opciones para hacer el doctorado, varias estaban en Alemania.
 
Me decidí por Dresde sin saber muy bien cómo era la ciudad, tras estar en ella una semana durante las entrevistas. Sin embargo, estaba convencida de que el grupo de investigación y el Instituto donde éste se encontraba eran la opción correcta. Se trata del Max Planck Institute of Molecular Cell Biology and Genetics (MPI-CBG), y mi director de tesis es Carl-Philipp Heisenberg.

Elena QuesadaMi proyecto se centra en la morfogénesis de tejidos durante el desarrollo embrionario del pez cebra. O, en otras palabras, cómo las células se reorganizan y se diferencian para acabar formando un tejido con una identidad propia dentro del embrión. Esto nos ayuda a comprender cómo se comportan las células dentro de un ambiente con multitud de señales, otras células vecinas y fuerzas físicas reales que acaban haciendo de un óvulo fertilizado un pez completo. El instituto cuenta con una veintena de grupos de investigación de distintas disciplinas (Genética, Biología del Desarrollo, Biofísica…) y con otras tantas facilities, que hacen, como bien indica su nombre, nuestro trabajo mucho más fácil (secuenciación de ADN, microscopía, animalario, procesamiento de imágenes…).

Trabajar aquí es satisfactorio, efectivo y enriquecedor. 45 nacionalidades en un mismo edificio (en mi laboratorio, por ejemplo, somos 13 personas de 9 nacionalidades) te obligan a abrir la mente, a aprender cómo se comportan las personas, cómo viven en otros lugares del mundo, y es una de las cosas que más me gustan de trabajar aquí. Los científicos suelen juntarse mucho (a veces casi exclusivamente) con otros científicos. La razón principal es que pasamos tanto tiempo en el laboratorio que nos queda poco tiempo para conocer gente de otros ambientes. En mi experiencia personal eso no ha impedido que tenga muchos y muy buenos amigos en Dresde. La Ciencia es, también, motivo de unión, pues la investigación puede llegar a ser muy frustrante y, únicamente alguien que esté pasando por lo mismo, suele ser capaz de comprenderlo. La ciudad, además, ofrece bastantes oportunidades de ocio que, si te saben a poco, siempre pueden ser ampliadas con las de Berlín, que se encuentra a dos horas en autobús o tren.

Dresde se encuentra en la antigua República Democrática Alemana (RDA, DDR), y aún conserva ese aire comunista en sus fachadas, sus calles y sus gentes, que no encuentras en ciudades como Hamburgo, por ejemplo. Las calles siguen teniendo adoquines, los abuelitos tienen un aire muy humilde, los semáforos se apagan por las noches para ahorrar energía y los edificios son, en su mayoría, Plattenbau, bloques de hormigón donde cada vivienda es igual a todas las demás. Los alemanes los odian.

Además, se encuentra situada en el valle del río Elba, hasta hace pocos meses Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Las orillas de inundación se encuentran casi vírgenes, y son el lugar perfecto para pasar un día “en el campo” sin salir de la ciudad. En verano se llenan de gente volando cometas, haciendo picnics y jugando con los niños, y en invierno hacen las delicias de los aficionados al esquí de fondo. En el centro histórico, la joya es la Frauenkirche, o Iglesia de Nuestra Señora. Es una iglesia protestante, la Iglesia mayoriatia de Sajonia, aunque curiosamente, la mayoría de los sajones es atea. Fue destruida durante el bombardeo que sufrió la ciudad por parte de las fuerzas aéreas aliadas durante la II Guerra Mundial, la noche del 13 al 14 de febrero de 1945. Además de la Frauenkirche, puedes visitar el impresionante edificio de la Ópera (Semperoper), o el Balcón de Europa, con unas majestuosas vistas sobre el río Elba.

En el barrio de Neustadt encontrarás todo tipo de restaurantes, cafeterías, bares y pubs con comida y bebida de todos los lugares del mundo. Uno de los lugares más bonito es el Kunsthofpassage, (sólo en alemán) que es un pasaje que une dos calles paralelas y que consta de distintos patios, cada uno con una temática distinta.

Neustadt es el barrio de los estudiantes y familias jóvenes, y es que tiene el segundo índice de natalidad más alto de Alemania, superado sólo por el barrio de Prenzlauer Berg, en Berlín. El punto álgido del año es el tercer fin de semana de junio, cuando el barrio se cierra al tráfico y todo el mundo sale a la calle en un gran festival llamado Bunte Republik Neustadt (juego de palabras con el nombre oficial del Estado alemán, Bundesrepublik Deutschland), cuyo significado es “República Multicolor de Neustadt”. Es, sin ninguna duda, el fin de semana más divertido del año.

Pocos becarios eligen Dresde como su lugar de destino, pero quizá con el incremento de becarios en investigación básica, Dresde y el MPI-CBG ganen un poco de protagonismo. Mi granito de arena es simplemente decir que estos años en Dresde están siendo una de las épocas más felices de mi vida, tanto profesional como personalmente.

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2 comentarios sobre “Ciencia en Dresde – experiencias de una doctoranda en Alemania del Este”

  1. Juana Maria Quesada escribió:

    Me ha gustado leer esas experiencias que estás viviendo en esa zona de Alemania que tan bonita se ve en las fotos y en las descripciones que haces en tu relato.
    Me alegro de que estas vivencias sean tan constructivas para tu formación, no sólo como científica sino también como persona y que a través de este escrito las compartas con todos aquellos a los que nos ha llegado.
    Escribes muy bien y trasmites entusiasmo y satisfación por lo que haces y por la forma de vida que has elegido y esto me ha hecho sentirme orgullosa de ti. Un fuerte abrazo.

  2. Raúl escribió:

    Hola Elena.
    He leído tu interesante experiencia. Andaba buscando información para visitar Dresde en Diciembre. Por casualidad no tendrás un momento y orientarme para visitar mejor la ciudad. ¿Algún rincón o sitio?
    Muchas gracias.

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